Se cumple un siglo del nacimiento de doña María Sofía Colombres. Su trayectoria merece recordarse. Hija de Domingo Colombres y María Sofía Terán, figuras destacadas de nuestra sociedad tradicional, desarrolló a lo largo de su vida una sostenida acción de apostolado y solidaridad con el prójimo.

Fue miembro del primer Consejo Diocesano de Acción Católica y después su presidenta. En viajes a las más distantes localidades (era de las pocas mujeres que manejaban autos, por entonces), constituyó los primeros círculos juveniles de la institución. Con el mismo entusiasmo brindó su colaboración resuelta a otras entidades, como Caritas Pro Vivienda, la Sociedad de Beneficencia, las congregaciones de Adoratrices, de Dominicas y las Carmelitas del Ingenio Santa Bárbara, para citar sólo algunas.

Mujer generosa, culta e inteligente, dotada de una prodigiosa memoria, su trato poseía el atractivo de la alegría y del ingenio. El afecto intenso de familiares y amigos la rodeó hasta su fallecimiento, ocurrido el 1º de agosto de 2005. La fecha centenaria hace oportuno el recuerdo de esta digna personalidad.